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Destroya [Reservado]

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Destroya [Reservado]

Mensaje por Yemelyan E. Kazejet el Dom Mar 13, 2011 1:46 am

Sábado, 8 Mediodía



Se ha despertado de buen humor. Últimamente las cosas han mejorado. Desde hace menos de un mes se ha convertido en el Rey del narcotráfico. Le ha llevado varios años. Noches en vela sintetizando sustancias adictivas, pero todo esfuerzo tiene su recompensa, y eso es algo que Yemelyan aprendió cuando era pequeño. Su madre le mostró que solo el trabajo hace evolucionar a la persona; que el sudor es la única sangre que ha de donarse a la beneficencia.

Desnudo se mira al espejo con aire de superioridad. Se encanta a sí mismo. El croata nunca ha necesitado a nadie por esa razón. Él es feliz con su amor propio desmesurado. Con su vanidad narcisista. Su pelo revuelto hace que largue un suspiro. Al final va a tener que arreglarse, cosa que, preciosamente hoy no le apetece. Los sábados son sus días de descanso. Los momentos que utiliza para dormir la continúa resaca que le acompaña como una banda sonora allí por donde pisa. Se dirige a la ducha con grandes zancadas; en menos de un segundo el torrente de agua está refrescando su piel. Ligero vapor cubre la estancia, pero no por el agua caliente; su alma ardiente es la provoca tal efecto. Observa la condensación de su alrededor, de alguna manera es como el diablo rodeado por las llamas del Infierno.

Con la toalla en la cintura, enciende la radio. Quiere oír como hablan de él en las noticias. Los destrozos de las semanas pasadas han causado gran conmoción entre población; bueno, en realidad han sido las cuantiosas muertes lo que ha despertado la alarma social, pero a Yemelyan no le interesan las personas al no ser que vayan a ser quemadas después. Conforme por lo dicho acerca de su persona, enciende un cigarrillo para celebrarlo. Un día de estos lo compararán con Charles Manson…¡ Ojalá sea pronto!

De golpe recuerda que lleva días sin saber de su prima. Ciertamente no está preocupado. Ella sabe arreglárselas bien aun con su hecatómbica depresión, no obstante, le hará una visita. A nuestro querido psicópata le apetece conversar sobre sus logros. Alardear sobre su falta de humanidad, y por qué no, escuchar las dantescas historias de cama de Iô. Bien, es hora de vestirse.

El nuevo traje le favorece. Al ser prieto se ajusta perfectamente a las formas griegas de su cuerpo esculpido por las peleas callejeras. Yemelyan llama a un taxi. No tiene intención de mojarse, ni mucho de menos de llevar paraguas. Nunca le han gustado, pues le parecen un detalle poco masculino. Sentado en el asiento de atrás, mira al conductor con interés. El hombre es guapo, sus morenas facciones se le antojan picantes. Seguro que es bueno en la cama, seguro que sus enormes manos sirven para algo más que para pitar a los garrulos que tienen delante…Ladea la cabeza de lado a lado. Lleva dos días sin intimar con nadie, lo que es demasiado tiempo para él. El sexo es un básico para el ser humano. Una prioridad que la gente prefiere cubrir con ropa o joyas... ¡ Idiotas!

Al llegar a su destino se apea, no sin antes pasarle su tarjeta al conductor. Si algún día se aburre de las mujeres, puede llamarle. Él le atenderá encantado. Sube las escaleras con rapidez, y sin llamar, abre la puerta del portal. Yemelyan siente aquel lugar como suyo, pues él es el que les suministra las drogas, el que envenena la razón de todos los peces gordos que frecuentan el local.

En la recepción pregunta por su prima, la azafata le responde amablemente que ha salido de compras ¡Maldita sea la vanidad de las mujeres! Se despide con una sonrisa, sin embargo, no piensa dar el viaje en vano. Pasando las cortinas, accede a la barra.
-Licor de caramelo- Como es la una de la tarde, mejor empezar suaves. Ya habrá tiempo para las cosas fuertes- ¿Te importa si fumo?- La camarera niega con la cabeza. A ella le da igual lo que hagan los clientes con tal de que consuman. El olor a marihuana no tarda en cargar la estancia con su peculiar densidad. Una presencia hace que gire la cabeza con lentitud, no va a darle el gusto de que se crea importante. Jimmy siempre le ha exasperado con su particular forma de ser.- ¿También vienes a almorzar?- Inquiere con diversión antes de hacer un gesto a la muchacha para que se vaya. Hoy no le apetece tener espectadores- El menú del día ofrece sangre de la casa- Enarca las cejas antes de saltar detrás de la barra. Yemelyan es muy dado a tomarse confianzas.

El brujo busca el cuchillo con el que cortan el limón, nada más encontrarlo, acaricia el filo con una sonrisa maliciosa. Es hora de catar el postre. Una ligera incisión en su muñeca izquierda es suficiente para que la hemorragia surja con su peculiar color lujurioso. Llena un vaso de chupito con ella. No piensa darle más…Por el momento, claro. Las cosas hay que ganárselas. -¿ Y bien?- Pregunta sentado sobre el mostrador de madera. Ahora sería el momento idóneo para besarle, para completar aquella proposición indecente, sin embargo, los locos aguardan a que sean los cuerdos los que rueguen por catar la demencia.
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Re: Destroya [Reservado]

Mensaje por Jacopo Di'Laoconte el Mar Mar 22, 2011 12:53 pm

¡Cuantiosa es la diversión que le espera hoy! Tantos negocios que truncas, personas que sentenciar y mercancías que repartir por entre todos aquellos desgraciados que a sus pies se arrodillan exigiendo clemencia. ¿Cómo no podía amar la eternidad dada su condición? Sonriendo, como era costumbre, se aventura por los pasillos de su residencia, saludando cortesmente a todo aquel que cruzase su camino. Tenía un estátus que guardar frente a sus subordinados, caballero centenario exquisito en su parecer. Joven sin preocupación alguna, aunque esa era realmente la realidad. ¿Qué podía preocuparle? ¿La muerte? Llevaba siglos pleparado para ello, así pues esa queda tachada. ¿Perder su fama y negocio? Siempre tuvo un don de gentes que le aseguraba que tal fortuna no se llevase acabo. ¿Remordimientos? ¡Cómo si supiera de qué se trataban aquellos molestos inconvenientes en boca de tanta gente! Como mucho surgía un problema ante su verdadero nombre, mas era uno personal. No gustaba de su procedencia, cuna de mil y un historias que no eran de su interés. Él era americano, James. Cualquiera que ansiase contradecirle podría deleitarse ante un profundo sueño a sus manos.

Su ronda por los pisos terminada, cada cual con su respectivo cliente, decidió asegurarse de que la intrépida camarera no hubiera decidido llegar tarde. Los novatos causaban tantos estragos, a veces se preguntaba si valía la pena ofrecerles tal lujo como era el de servirle a él. ¡Tanto prestigio en un edifico para ser destrozado por una nimiedad novata! Estupideces. Deteniéndose en recepción, sonrió a la joven encandilada tras la mesa.
- Dime, querida, ¿ha decidido ser puntual hoy nostra pequeña niña? - La joven tardó en computar las palabras, mas enseguida procedió a asentir de forma entusiasta. - S... Sí señorito Lock. Ahora mismo cr... creo que está sirviendo al familiar de la señorita Smári - La joven no pudo sostener más la fuerte mirada del vampiro, enseguida excusándose en el inexistente papeleo. - ¡Ah! Perfecto. Habré de hacer lo debido entonces, ¿no crees pequeña? - La malicia de sus palabras consiguió sonrojar a la humana, los suaves dedos del vampiro jugueteando con el cabello azabache. - Como gustes - Un mero susurro, subordinación completa. ¡Qué bello era el poder! Sonriendo ampliamente, se dirigió hacia la sala correspondiente. ¡Tan buena noticia la del camello!

La reacción del brujo logra hacerle reír, siempre tan particular en su forma de ser. Un verdadero gusto para observar, había que añadir.
- Oh, vamos querido, ¿acaso no es correcto, siendo yo el huesped, saludar al hospedado? - Sabía de sobra que tal mentira no traspasaba las fronteras, mas era gracias a su particular forma de ironía bajo la cual dominaba sin ser crudo que su imperio se sustentaba en dudas ajenas, base rígida en su confianza mentirosa. Sentándose en la barra, sonríe a la camarera que dudosa sale de la habitación, reafirmándola que aquello exigido por el invitado era correcto. ¡Tantas cosas sin aprender! La juventud, reitera, es exasperante. - Suena de lo más deleitoso. - Gira su vista hacia el varón, observando cómo prepara la bebida. Años de práctica hace que no se inmute ante el corte, su sonrisa impoluta y sus ojos interesados. ¿Qué ansiaría el hombre de él? Su relación nunca fue una de camadería, más bien una meramente laboral, de utilidad. Tomando la sangre vertida, desecha la idea. ¿Acaso no servían para más de una utilidad? Y conocía de sobra que él no era el único que usurpaba lo necesario para adquirir el placer requerido.

Limpiando sus comisuras con elegancia, observa al varón.
- Tal y como espero de tu familia, nunca cesais de deleitarme. Ciertamente sabes tan bien como aparentas. - Sonriendo, reduce el espacio entre ambos, divertido ante la situación. ¿Por qué no sacar el mayor provecho al ahora? - Aunque sé de sobra que alagos no te hacen falta. - Cogiéndolo por la camisa, lo arrastra sin necesidad de fuerza alguna hacia él, uniendo sus labios en una lasciva caricia. No hay necesidad alguna en la misma, denotando diversión en su movimientos. Tal vez debiera sentirse cohibido ante un movimiento tan brusco, mas el americano antaño perdió aquella capacidad. ¿Para qué cohibirse, crear barreras ante lo que de verdad se ansia? - Me pregunto si cumples toda expectativa, querido. - La ironía de su voz era más que palpable, nuevamente besándole como punto y final. No le apetecía hablar más, si quería contradecirle, que lo demostrase. Él no se iba a negar.
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Re: Destroya [Reservado]

Mensaje por Yemelyan E. Kazejet el Dom Mar 27, 2011 3:55 am


Sus palabras arrogantes le molestan, pero no dice nada. Yemelyan no discute con idiotas; no se rebaja al nivel de la plebe. El beso no le sorprende, ni le excita en demasía. El brujo sabe que aquel vampiro puede hacerlo mejor, por lo que, va a jugar sus cartas para que así sea, para que le de todo lo putrefacto que lleva dentro. Enfermar de morbosidad es el más grande los placeres conocidos por el hombre. Lamer la inmundicia es la manera acertada de llegar al éxtasis-La expectativa que imaginas es ínfima en comparación con lo que puedo otorgarte- No se va a acostar con él por nada en concreto; sencillamente necesita sexo, y si alguien sucio se lo ofrece, él no se niega. A Yemelyan le importa una mierda la circunstancia; a él solo le importa el resultado- No obstante, con esto no creas que esta situación volverá a repetirse. No me agradas- La sinceridad es algo que no olvida por muy ansioso que se encuentre. Le besa con calma, mordiendo su labio de forma juguetona en el proceso. Sus hábiles manos dibujan las formas de su torso con deje irresistible. Sabe dónde tocar para desatar la locura enjaulada con barrotes de acero en la mente de Jimmy.

Le guía hasta una de las mesas, donde lo sienta sin despegar los labios en el paseo. Su lengua ya ha descubierto la suavidad de su boca, con lo que, no va abandonarla tan pronto. Sería una crueldad dejar a esos labios escarchados solos… ¿verdad? Los botones no tardan en ser arrancados de sus presillas, rebotando contra el suelo, los ve rodar por el suelo como monedas en una apuesta. El pecho del bebedor de sangre es níveo, delgado, pero fornido como cabría esperar en un hombre italiano de su época- Sigo sin comprender por qué te acuestas con mujeres- Yemelyan no niega su condición de homosexual. El placer no entiende de hombres o mujeres, solo de quién está dispuesto a otorgarlo y practicarlo- Como sea, no me lo cuentes. En verdad no me interesa- No van a ser amigos jamás. Sus dedos aprovechan para deslizarse a través de la cara tela del pantalón. Palpan la piel que parece arder bajo el tacto estudiado del brujo- Esto es el infierno- La afirmación vino seguida de una postura como ortodoxa, mas no difícil de imaginar; de rodillas ante Jimmy, le mira con tinte maquiavélico en el rostro. Ahora viene lo bueno.

Le despoja de sus ropas sin pudor alguno en sus actos, pero él no se quita las suyas. Ya tendrá tiempo para desnudarse después. Pronto sus labios descubren la zona abultada que la ropa interior ya no oculta. Sus manos no se quedan quietas, estas, se encargan de pellizcar las partes sensibles del torso del vampiro. Quiere arrancarle gemidos incongruentes, quiere sentir que lo tiene dominado. Para Yemelyan el control es lo más importante en las acciones que emprende; él jamás improvisa. Él es un maestro de la seducción con doctorado en agresividad activa. El juego sigue hasta que el brujo cree que ya lo ha estimulado lo suficiente; no quiere que la diversión acabe antes de lo previsto. Si llegara a quedarse a medias, quemaría el local sin pensárselo dos veces. Pequeñas llamas flotan sobre el vaso de licor especial que antes le ha servido. El Apocalipsis está próximo.

Su ropa es arrojada al suelo con cuidado. No va a romper su traje. Le ha costado caro; mas de lo que un buen polvo podría pagar. Con agilidad, alcanza un objeto punzante de una de la mesas, y sin calcular demasiado, hace dos incisiones en la pelvis, una a cada lado. Luego se sienta en la mesa a esperar lo siguiente- Aún no estás borracho- Yemelyan nunca ha necesitado perder la consciencia para actuar de forma absurda. Su día a día es una hecatombe hacia la precipitación contra el más absoluto de los caos. La lengua pérfida que sorbe su esencia hace arder su interior con fiereza. No recordaba ya lo que era acostarse con un vampiro, mas la sensación le gustó más de lo esperado. Igual sí que iba a tener que repetir aquel encuentro…¡ Quién sabe! La vida da demasiadas vueltas, tantas, que la gente vive mareada por culpa del caprichoso azar.

Llamas anaranjadas, intensas, se forman alrededor de ambos, sin embargo, él las controla. No dejará que les hieran por el momento. Todo depende del resto. Tira del pelo de Jimmy con bestialidad, para luego alcanzar su rostro para besarle. El intercambio de esencias enfurece la demencia de su interior. Su psicopatía le pide más brutalidad, más intensidad para aquel encuentro íntimo. Y Yemelyan no dudará en dárselo…
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Re: Destroya [Reservado]

Mensaje por Jacopo Di'Laoconte el Lun Mayo 16, 2011 4:54 pm

Se deja guiar gustoso por el brujo, conoce a la perfección su gusto por la autoritaridad y no piensa arrebatársela. Siendo sincero, sabe que así la experiencia resultará de lo más gustosa. Contradecir al brujo solo resulta en quemaduras para nada agradables y una excitación que tendría que solventar con algunas de las otras pretendientes forzadas que no llegaban a repletarle de tal manera. No que tuviera una orientación sexual marcada, al americano le complacía cualquier ser humano o semejante, mas sí veía preferencias en aquellos que sabían hacer lo que debían, aquellos que brotaban con experiencia rastrera. Situado sobre la mesa, no puede evitar sonreír ante la mirada otorgada por el hombre que entre sus piernas se divertía. El éxtasis comienza a apoderarse de su cuerpo al sentir la humedad ardiente torturarle con precisas caricias, leves pellizcos meramente aumentando la necesidad, el hambre. No siente vergüenza alguna mientras sus cuerdas vocales desatan sonidos heterodoxos, gemidos que lograrían ahuyentar al más fiel y valiente de los cruzados. Pero, siendo sinceros, no se puede esperar algo más de un ser elevado en un reino de basura codiciosa. El pecado meramente le alimenta en su necesitada hambruna. Los siete pecados son el dogma que ignora por mera diversión.

Partiendo sus labios, no puede evitar relamerse los colmillos, aumentados ante su menester. No manifiesta sentimiento puro alguno al arrodillarse frente al hombre, sus ojos atados a la sangre que maquilla con borgoña esencia el bien dotado paraje. Sus labios escasean en tiempo al libar la piel, degustar la apetitosa mezcla homogenea de sabores que sus papilas captan en plenitud. La condición vampírica se ve brindada de cuantiosas comodidades, el realce de los sentidos siendo una verdaderamente oportuna en lo que al ámbito sexual acarreaba. Las caricias propiciadas solo aumentan en fuerza y succión, el ardor aumentando en el varón solo siéndole seña positiva al vampiro. También percibe las pocas llamas que comienzan a rodearles, el sonido mezclándose con la turbada respiración. Arder. Nunca había llegado a arder en un acto como este, sus anteriores encuentros con brujos de tal calibre siendo, por normativa, aburridos o breves. Serían muy vivaces en personalidad, mas el mundo tiende a hacerles sobresaltar sus capacidades, a lograr de sus decepciones estatuas como Coloso.

Es alzado por el croata, tan solo un gruñido en respuesta. Su apetito acaba de ser abierto, y el americano no piensa ser sutil con su acompañante. Besándole con violencia, muerde el labio del varón con fuerza, tan solo cediendo al sentir su esencia mezclarse en los movimientos ensalivados. Guiando sus manos, coloca una tras la nuca del humano, hundiéndola en su cabello, mientras la otra procede a masajear la zona aún húmeda, aquella de la que le hubo privado. Quiere verle enloquecer, quiere ser azotado por su locura, maltratado. Sabe que el hombre lo ansia, que ansia someterle en tanto que pueda, mas el eterno no procederá a hacer de ello una tarea simple. Si ansia consumirle, habrá de dominarle.
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Re: Destroya [Reservado]

Mensaje por Yemelyan E. Kazejet el Dom Mayo 22, 2011 6:14 pm


Las acciones del vampiro le resultan predecibles, patéticas teniendo en cuenta que Jimmy dirige un prostíbulo ¡Qué pena, en verdad había creído que era más fogoso! Las llamas danzan alrededor de ambos varones como si estuviesen en medio de un ritual vudú. Las manos del brujo se pierden en el cuerpo del otro, buscando el momento exacto para girarlo, para que bese la pared mientras él lo defenestra contra ella. Este día no lo va a olvidar, de eso no cabe la menor duda. Yemelyan le tira del pelo, y sin soltarle, le muerde el cuello para luego empujarlo contra una de las mesas…El mueble vuelca, así como el jarrón que lo adornaba hasta hacía un escaso segundo, pero eso no importa, el bebedor de sangre, siempre puede reformar el local- ¿ Te gusta esto, maricón?- La risa escapa de sus húmedos labios, y de una patada, lo tira contra la siguiente mesa, la cual no dura mucho en pie- ¿No?- Otra carcajada choca contra la vehemente brisa que los envuelve. El sudor perla por completo el cuerpo desnudo del croata, dándole un aspecto aún más apetecible. Sus números tatuajes relucen bajo la escasa luz que ambienta el bar-¿Asustado?- La pregunta roza la nuca de Jimmy, sin embargo, esta no recibe más respuesta que una risa- Creo que aún no has comprendido con quién estás tratando, Jacopo- Muerde su oreja para luego besarle de forma sucia. Sus cuerpos se abrazan de forma necesitada, hambrienta. La lujuria ha terminado de consumirles, aunque es pronto para decidir quién ha ganado este asalto, no obstante, Yemelyan, lleva por el momento la mano ganadora.

El fuego se extiende por las esquinas, quemando las cortinas que ocultan la estancia de las miradas curiosas de los viandantes; es el momento de darles algo con lo que masturbarse todas las noches. Las manos del croata se pegan a la pelvis de Jimmy como una segunda piel, el poco espacio que les separa es derruido por el ansía del brujo. Ahora tiene sometido por completo al vampiro a su demente voluntad- ¿Cómodo?- No le da tiempo a responder, pues el balanceo que inicia hace que la cabeza del varón se dé contra la pared repetidas veces. Quiere hacerle daño, demostrarle que ninguna criatura puede dominarle. Que a él le da igual que la gente tenga dos años o trescientos; lo que él desea es lo único que importa. Yemelyan no tiene conciencia- ¡Conmovedor!- La suficiencia en su tono jadeante es aún audible, no obstante, el placer va tomando el cuerpo del brujo, va desatando su fogosidad. Usa la cabellera del vampiro de nuevo como collar, y sin pensárselo dos veces, lo lanza contra la barra. Le apetece rematar la faena con un poco de alcohol. Lo sienta sobre él, y con la mano que le queda libre, bebe wishky a morro, ya no recuerda cuándo fue la última vez que disfrutó tanto sometiendo a alguien. Sus anteriores parejas habían sido siempre sumisas, pues él como psicópata que es, no soporta a nadie que pueda igualarle.

Tener encima a Jimmy solo consigue excitarle más, y con ello, las llamas incrementan su altura. La atmósfera es insoportable para cualquier humano, sin embargo, ambos seres están fuera de lo común, y el ardor, solo les hace sentirse como en casa. El Infierno siempre ha sido su lugar predilecto de vacaciones. La vista de Yemelyan está medio nublada, aunque no lo suficiente como para que ignore el objeto que tiene al lado izquierdo; el cuchillo que antes utilizó para tentar a su más querido y respetado enemigo, se mueve al compás del balanceo de ambos. Lo toma, y sin medir muy bien la fuerza con la que lo empuña, lo pasea por el pecho del vampiro. La sangre brota tímida sobre él, y el brujo, la recoge con sus dedos para depositarla sobre la boca del propio vampiro. Yemelyan repite la acción varias veces, tantas como cree necesarias para mitigar el hambre sexual que le consume. Un beso en el cuello cierra el ciclo, y el objeto cae en el fondo de la sala, donde no tarda en ser derretido por las llamas que están devastando la habitación.

Un gemido gutural, ronco como el aullar de una bestia es el broche final de una actuación de lo más obscena. El fuego se consume a la par que el ansía de Yemelyan desaparece. Sus ojos se cierran durante un minuto escaso. Durante sesenta segundos que le sirven para analizar la situación, lo entregado a un hombre que no puede dejar de detestar. Normalmente, si alguien le molesta, lo ignora al no considerar oportuno perder su tiempo con tales tonterías, no obstante, con el vampiro no puede, y eso, le molesta. Se separa de él, y con las escasas fuerzas que le quedan, se enciende un cigarrillo con sus dedos. Todo polvo merece un festejo.

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